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martes, 20 de marzo de 2012

Un fin de semana en las alturas

Este fin de semana por fin he podido descansar. El sábado me examiné de Photoshop, y por fin pude sentir que puedo relajarme. Llevaba más de 20 días seguidos madrugando a las 7:30 de la mañana, y ya se me notaba en el carácter. Cuando estoy cansada, estoy de mal humor, y me cuesta controlarlo.

Este finde además, quería hacer algo que suelo hacer todos los años y es ir a la sierra. Así que, el domingo, sin madrugar, cogimos el coche y fuimos a Cotos (Cerca de Navacerrada). Hace dos años yo había estado allí en las mismas fechas, recuerdo que hacía bastante calor, y yo iba por ahí en medio de la nieve con una camiseta de manga corta. Así que este año pensaba que tendría la misma suerte... ¡Pero no! Al llegar a Cotos y al bajarnos del coche, solté algo como: "Estamos a tiempo de volver" (Pensando por dentro: ¿Cómo es posible que haga un frío del carajo, si hace dos años en las mismas fechas se podía tomar el sol?). Hacía un frío que se me helaban los oídos. Basándome en mi experiencia del año 2010, no me equipé bien: no traje ni guantes, ni gorro. Si no fuera por mi chico, probablemente me habría congelado allí mismo, porque pensaba ir con un jersey y un chubasquero. Al salir de casa dudé si ponerme algo que abrigue un poco más y él insistió en que volviera para ponerme algo que abrigue más. (¡Y menos mal!)


Una vez en Cotos, ya no había vuelta atrás. Así que fuimos a la única cafetería que hay a tomar un café/ir al baño (quién sabe cuándo volveríamos a tener un baño cerca). En la cafetería nos atendieron con esa "simpatía" que suelen tener los dueños/empleados cuando saben que no hay competencia alrededor y la gente no tendrá otra opción que ir a su establecimiento. Creo que perdimos en total unos 20 minutos en intentar pedir un café y yo de paso comprar unos guantes, porque no nos hacían ni caso, luego de muy malas maneras nos dijeron que habría que pasar por caja primero (con lo "difícil" que es poner un cartel...), como no indicaron bien, me tiré otros diez minutos esperando en lugar que no era, para al final descubrir que era al otro lado de la columna... En fin, tuve muchas ganas de decirles algo, pero ¿qué cambiaría?

Salimos de la cafetería y nos dirigimos hacia arriba, pasando por el centro de interpretación. El camino es de dificultad baja, pero tiene una cuesta al principio, que si no tienes costumbre, pierdes el aliento y llegas al mirador de la Gitana agotado. A mi sorprendentemente me costó subir menos que a mi pareja, aunque al final ambos teníamos el pulso a mil por hora.

En el mirador no nos detuvimos mucho, habría que ir mucho más lejos, así que continuamos nuestro camino. Otra cuesta, que por suerte duró poco, y por fin llegamos a mi tramo favorito: bordear las montañas durante un buen rato. Ese tramo es prácticamente plano, los paisajes son increíbles, y parece que estás de paseo. El camino es un poco estrecho, y es mejor ir en fila india, pero merece la pena. Después de un buen rato llegamos al valle. En todo el paseo estábamos bien, con el ritmo de caminar ya no teníamos frío... Hasta el valle, donde nos atacó el viento. Allí había nieve y hielo... Para el colmo, el cielo se cubrió de nubarrones, y empezamos a sentir el verdadero frío. Estábamos ya a 2000 metros de altura, y todavía faltaba un buen trozo, hasta llegar a la laguna. Teníamos pensado comer por ahí arriba, y en ese momento pensé que hice bien en cocinar por la mañana, ya que al menos la comida llegaría templada al destino.

En el valle nos aguardaba otra especie de cuesta, como unas escaleras gigantes de madera. entre escalón y escalón había tramos que eran enteramente de piedras, nada planas. Había que tener mucho cuidado para no caerse o torcerse un tobillo. Cuando estábamos cerca de una pared de piedra, miramos hacia atrás y aquello nos pareció muy lejano. No quería ni pensar en que tocaría volver por el mismo camino, con el viento soplando a toda fuerza. Los escalones se habían acabado y había que continuar por el terreno rocoso. Así que eso hicimos, saltar cual cabritillos por las piedras hasta llegar a la altura de la pared de piedra. La vista merecía la pena, se nos descubría la laguna de Peñalara, medio cubierta por hielo. Si tuviera que definirla, diría que es como una doncella tímida que no enseña la cara a cualquiera, sino a los que sean persistentes. De hecho, nada de indica que hay laguna allí arriba, excepto las señales. Es imposible adivinarlo. Mirad qué bonito:

La laguna de Peñalara


Nos sentamos en las piedras, o más bien en la bolsa de IKEA, y una toalla de playa, puestas en las piedras, y sacamos la comida. El viento a veces se paraba, pero cuando volvía, no sabíamos donde meternos. Por fin empezaba a asomarse tímidamente el sol, y nos aliviaba un poco. La comida (el estofado) nos supo a gloria, aunque había que darse prisa en comerla, porque se empezaba a enfriar. De postre comimos un Kinder Bueno a medias, porque con ese frío no apetecía ni fruta ni zumos. Así que casi todo nuestro picnic volvió a casa con nosotros.

Disfrutamos un poco más de las vistas, hice un par de fotos, pero no me detuve en buscar buen ángulo, dado que la cámara es de aluminio, y yo ya hace rato que no sentía mis dedos. Tenía tanto frío que no notaba siquiera el calor al soplar en ellas, tan sólo un golpe de aire. Ya era hora de volver, eran las cinco de la tarde, y estaba empezando a oscurecer. El camino de vuelta fue acompañado por el sol, que se decidió por fin a salir, aunque no nos afectaba, ya que estábamos bien resguardados por la montaña. El viento desapareció nada más salir del valle. Decidimos que definitivamente habría que volver aquí más adelante, antes de que haga mucho calor, pero después de que se vaya el frío.

Así que esa es nuestra tarea pendiente... ¡Volveremos!

Al llegar a casa, estábamos experimentando ese cansancio agradable que uno tiene después de hacer deporte. Vimos una película que se llama "La boda de mi mejor amiga" (Bridesmaids). Es una película que recomiendo ver a todo el que esté un poco triste o cansado. Al principio parece un poco rollo, pero luego te ríes un montón. Tuvimos que pararla en unas ocasiones porque no podíamos seguir el hilo por las carcajadas tuvimos :-D


Ayer domingo también vimos una película por la noche, que se llama "Un golpe de altura" (Tower heist). También me gustó mucho. De paso pude ver en qué consiste mi futuro trabajo: el de dirigir un hotel. (en la película es un aparthotel). Veo que es lo mío, pero la verdad no me gustaría estar casi 12 horas al día fuera de casa, porque eso ya lo hago ahora entre las clases y el trabajo.

Pero bueno, como no sé lo que va a pasar en el futuro, prefiero no pensar en ello. Ya me lo dirá la vida o las cartas.

7 comentarios:

  1. Gracias por pasarte por mi blog.
    Qué bonito el viaje! y sobre todo los paisajes.
    Lo de las cafeterías perdidas...suele pasar jajaja, no exactamente igual pero parecido.
    Y me apunto la peli de La boda de mi mejor amiga.
    Un saludo!

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  2. ¡Gracias a ti por seguirme! A mi también me gusta mucho leer, así que tomaré nota de los libros que recomiendas :-) Y espero poder ver pronto alguna entrada en "Aprende a ser feliz", que ese tema me interesa mucho. ¿Será también de libros?

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  3. Así que lees las cartas y no sólo las epistolares, menuda brujilla debes estar hecha.

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  4. Pues bueno... Me queda mucho para ser como Sandro, jajaja

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  5. Muy buen blog! Está muy currado! Ya lo he añadido a mi lista de blogs :D

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  6. Te sigo. no conocia tu blog, y esta muy bien.
    Te invito a pasar por mi blog, estoy de sorteo y termina pronto.
    http://elbauldeanalu.blogspot.com.es/
    Gracias. Besos

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